martes, 10 de mayo de 2016

todas las palabras empiezan por DES

DESanimado, DESmotivado, DES lusionado, DES sperado,… son muchas las palabras que me vienen a la cabeza en esta etapa deportiva de mi humilde trayectoria y todas empiezan por las mismas letras.

Quise terminar una maratón de montaña decentemente y para ello me entrené a conciencia. Mi cuerpo no estaba acostumbrado a esos largos de 30 o 32 kilómetros y llegué muy justo a la fecha.  Ahora arrastro secuelas.

Seguramente todo podría arreglarse con un largo DESCANSO, temida palabra que cualquier deportista desea no escuchar nunca.

Mi fascitis plantar sigue ahí. Con el tiempo las molestias han pasado al talón. Además, una sobrecarga en el Aquiles me impide tirar la punta de los pies hacia adelante. No sé a dónde acudir. ¡Cochino dinero! Necesito un milagro que me quite la tontería y me deje seguir entrenando duro. Mientras tanto, troto como un pato DESorientado por el cauce del Río Turia a las 2 del mediodía, siempre que la faena me lo permite. Un entrene rápido, una ducha en el trabajo y macarrones integrales, esa es mi rutina un par de veces a la semana. Sin calentar, sin estiramientos al terminar. Entreno para mantenerme mínimamente, para sentirme vivo, eso si, sin obligaciones. Ahora mismo la batería me falla y si sigue fallando el motor al final ni arranca.

Ya no escribo porque no entreno como toca, no entreno como toca porque tengo dolores, tengo dolores porque no descanso y no descanso porque soy muy tozudo.


Confío en poder volver a correr “a gusto” algún día, simplemente disfrutando.

domingo, 21 de febrero de 2016

un sueño hecho realidad

Ha llegado el día para el que he estado entrenando estos últimos meses.
Atrás quedan esas sesiones de gimnasia casera con lastres en los tobillos y garrafas de agua, los largos y duros entrenes en solitario (la mayoría de las veces) por la sierra de Enguera con más de 1.600 metros acumulados.

6 de la mañana. Me levanto y desayuno fuerte, un tazón de leche de avena con cereales aliñado con una pizca de miel y un plátano. Superviso todo y me aseguro de que no se me olvida nada. Todo listo. Salgo de casa y acudo al punto de encuentro donde había quedado con mi amigo Eugenio a las 7. Él me lleva a Segorbe, cosa que le agradezco enormemente porque después de la maratón no estaré para muchos milagros. Por el camino charlamos mientras intento ingerir un asqueroso pastel rico en vitaminas y minerales que me había preparado la noche anterior, el postre más artificial que puedas probar en tu vida. Y digo “intento” porque estoy algo harto. Además, con los nervios se me hace una bola en la boca. Aún así sigo el consejo de mi entrenador; “Métele caña que luego quemas mucho y si te quedas blanco, mal.”

Llegamos al sitio y directo me voy a por el dorsal. Con el número 49 en mis manos ya estoy tranquilo. Volvemos al coche y nos refugiamos en él de las bajas temperaturas. Ultimo detalles. Un poquito de vaselina entre los dedos, un pequeño apretón de cordones y compruebo de nuevo que no me falta de nada en mi mochila. Casi se me olvida ponerme el Garmin. No es imprescindible, pero sin él parece que me falta algo, necesito saber cuánto me queda de ascenso o a qué ritmos me muevo en llano.

Apuro para ir al baño. Me llama la atención una cosa y es que, gente de la organización es la encargada de suministrarnos rollos de papel, para que no nos falte de nada. Ahí les pongo un 10. Me sorprende el hecho de que antes de ponernos bajo el arco tengamos que pasar por un control de chips. La cola desemboca en el patio del colegio Pintor Camarón desde donde salimos. Allí me encuentro con conocidos del club de Trail de Moixent. Son un buen referente para empezar.

No me da tiempo a calentar. Me sitúo en la linea de salida, un poco más atrás del arco. He llegado a la maraton con muchas molestias en el tendón de Aquiles y en el glúteo superior pero ya no hay vuelta atrás. A cruzar los dedos y hasta que el cuerpo aguante.

Nos dan la salida pero pronto, fuera de las instalaciones del colegio, nos volvemos a parar. Hemos avanzado un poco para poder salir todos desde un lugar más ancho y sin empujones. Ahora si, comienza el gran reto. Esquivo algunos corredores al principio para evitar el primer embotellamiento cuesta arriba del kilómetro 2. Callejeamos por Segorbe y bordeamos su gran muralla. Los primeros kilómetros los disfruto mucho, converso con los compañeros de carrera y echo un vistazo al paisaje de vez en cuando. Allá a lo lejos a mi derecha, el pico de Espadán. Es una pena lo que llegas a perderte en carrera, cuando la mayor parte del tiempo la pasas mirando al suelo, poniendo los cinco sentidos para no caerte.

Llegando al 15 la cosa empieza a complicarse. Me encuentro con la que puede que sea la cuesta con más desnivel del recorrido, pero la supero con relativa facilidad. Echo un vistazo atrás rápido y admiro el sitio por el cual hemos subido casi gateando. Recupero un poco y voy mentalizándome de que lo duro aún está por llegar. Durante el trayecto, en alguna ocasión me llego a topar con pequeñas paredes de piedra que ni tan si quiera me dejan andar, solo escalar. Llego al 19. Se que estoy en lo más duro del recorrido, unos 500 de ascenso repartidos en 3 kilómetros, con momentos de gran desnivel y otros que me permiten tomarme un respiro. Se hace pesado, pero no es ningún infierno. Mi mayor pesadilla era alcanzar el pico en buena forma física y lo consigo. Desde arriba y sin darme cuenta de lo que mi vista puede llegar a alcanzar, comienzo a descender. Hasta aquí, era un “tira y afloja” con mis compañeros de Moixent. Al poco, dos de tres que venían conmigo desaparecen en la bajada. El otro se queda atrás. Los próximos 20 kilómetros los haré en solitario. No tardo en darme cuenta de que para mi lo realmente duro empieza ahora. La bajada se me atraganta. Tan solo son unos 200 metros de gran dificultad y se me hacen eternos. Mi tendón de Aquiles está padeciendo. Tengo mucho dolor y bajo con miedo. Los primeros metros son tramos de piedras sueltas y de punta, sostenidas a modo de escalones por tablas de madera falcadas en el suelo de la montaña. Atravesamos una pedrera y continuamos bajando, disfrutando de bonitas sendas hasta llegar a camino de pista. Mis piernas han sufrido bastante y aún me queda casi la mitad del recorrido.


Acercándome al kilómetro 30 saludo a gente conocida, vecinos de Bolbaite. Sonrío para la foto. Hasta aquí más o menos bien, sueño incluso en lograr hacer un buen tiempo pero poco a poco se desvanece. Subiendo por una cortísima pero fuerte pendiente, llegando a uno de los puntos de avituallamiento, me da una rampa en el vasto interno. Me aprieto con todas mis fuerzas con mis manos y estiro la pierna. Pierdo algún minuto. Me tomo inmediatamente una pastilla de sales, cojo medio plátano de la mesa y salgo de allí como si me persiguieran, intentando recuperar tiempo perdido, pero doy risa. Ahora mismo camino como un zombie, arrastrando la pierna izquierda. Es el momento de que alguien se fije en mí para la serie “The Walking Dead”.

Quiero llorar. La impotencia que siento me hace pensar que quizás tenga que abandonar. A la vez, eso mismo me da fuerzas para seguir adelante y sorprendentemente me olvido del dolor y comienzo a rodar decentemente, eso si, sabiendo mis limitaciones. Recupero trotando suave, bebo mucho y hago lo posible por no castigar de nuevo esa zona.

El sol aprieta. La camiseta de manga larga que tan a gusto llevaba hasta entonces, me sobra. Lo que resta de la maratón es más o menos llevadero pero a estas alturas ya estoy cansado. Bebo solo agua y paso del preparado de Isostar que llevaba en uno de los bidones. Unos kilómetros antes había llegado a sentir algún retortijón en el estómago y no me gustaría tener que parar de nuevo por problemas de sobredosis de azúcar. Lo he dado todo, me he tomado sales, un gel en el 19 y otro ahora mismo en el 32, creo que me he hidratado bien y aún así, algo ha fallado. Me esperan 3 ascensos no muy duros hasta llegar a meta. Solo son tres, pero cuando solo piensas en acabar se hacen mucho de rogar.

Llegando al pueblo por la zona de Rascaña aún me queda un último empujón de unos 200 m de desnivel. Una senda me conduce hasta él y cuando me doy cuenta estoy dentro. Puedo empezar a saborear la grandeza de acabar una maratón de montaña pero me quedo con mal sabor de boca.

De pulsaciones me encuentro bien, aunque sí es verdad que los últimos kilómetros no me he esforzado demasiado. Veo a lo lejos el crono; 5:03… unos 15 o 20 minutos más de lo que pensaba que iba hacer. Me extraña no oir a Eugenio gritar “¡¡QUESINO!!” y es que me espera al final de la alfombra azul, grabándome en vídeo con su móvil y haciéndome fotos al mismo tiempo.



Por fin he alcanzado mi sueño, un sueño amargo desde el 30 pero estaba claro que me enfrentaba a una lotería. Nunca antes me había sometido a una prueba tan dura. Ahora es momento de reflexionar, valorar y seguir entrenando y ¿para qué? Quizás solo por el hecho de seguir soñando en un nuevo reto, para descubrir dónde está mi límite, para hacerme más fuerte y sacar fuerzas para afrontar otras situaciones, para evadirme de lo negativo que me rodea y disfrutar de lo que me queda por saborear.

Cierro un episodio más, agradeciendo a mi chica el apoyo recibido, especialmente durante la recta final. Y pido perdón a mi hijo por no aprovechar parte del domingo con él, porque aunque él no lo crea es lo que peor llevo. Vera cumple un año y aún no se entera demasiado, pero cuando empiece a echarme de menos no sé que voy a hacer…

Ahora no quiero pensar en ello... necesito descansar.
Seguiré soñando.



domingo, 7 de febrero de 2016

Espadán en el punto de mira

7 de febrero, Llombai, 25 km de montaña.

A dos semanas de la Maratón de Espadán (mi primera de montaña) corro en Llombai, 25 km para ir abriendo boca. 

9 de la mañana. Todo listo. Suena una traca de fondo y el crono se ponen en marcha. Salgo en buena posición y junto a los más de 400 corredores huimos del pueblo en busca de aire puro. Todo bien hasta que en el km 2 alguien grita "eiiii! que es per açí!!!!". Mal empezamos. Unos cuantos, siguiendo el rastro del corredor que tenemos delante nos desviamos del trayecto unos 100 metros. Retrocedemos e intentamos remontar posiciones pero ya se empieza a formar el primer "embudo". Los primeros kilómetros a 3:45 no han servido de mucho. Continuamos y empezamos a subir un par de kilómetros pero algo suaves. Lo duro sé que está por llegar, sobre el km 7, donde una cuesta muy pronunciada nos pone a cada uno en nuestro sitio; poco más de kilómetro y medio, con un ascenso de unos 170 metros. Descendemos y pronto volvemos a ascender de nuevo, 1 km con tan solo unos 100 metros de ascenso. Al km 11,5 otra vez para arriba. Más que una carrera esto parece un tiovivo. La carrera ya la conozco del año pasado. Es una carrera rápida con subidas bastante correderas salvo una. Lo malo es que, a pesar de la buena temperatura, hace mucho aire. Voy bien, pero aun queda mucho y a esta carrera le falta emoción. Entonces me acuerdo de mi entrenador y sus palabras "con cabeza, corre con cabeza". Y como chico obediente que soy me voy "de cabeza" al suelo sobre el km 15. Por suerte mis manos y mi rodilla izquierda se llevan el golpe. Caída tonta, absurda, sobre pista y sin arriesgar. Quizás la confianza y la falta de fuerza me llevan a no elevar tanto las piernas como debiera, motivo más que suficiente como para tropezarme con cualquier cosa que sobresale unos centímetros del suelo. Me levanto, con la ayuda de un corredor de Enguera que acababa de conocer (uno de los organizadores del trail de allí) y sigo mi camino. Empiezo trotanto suave y tengo buenas sensaciones. Parece que la rodilla se va calentando y puede funcionar casi al 100%. A tan solo 10 km de la meta y dejando "lo duro" atrás me viene un descenso complicado y no estoy en mi mejor momento. Me queda una única cuesta de pista sobre el 19 y ya todo terminará. Cojo el asfalto de nuevo y llaneo hacia el pueblo pero no voy más rápido de 4:30. Hoy no ha sido un gran día. Barxeta me dejó con muy buen sabor de boca y hoy no he podido repetir la experiencia.

Es evidente mi torpeza en la montaña, pues me tropiezo con cualquier animalito que se cruce en mi camino. Pero si ella es dura, yo más.

Casi ya estoy tocando la sierra de Espadán. Voy preparado pero... ¿lo suficiente? Por una parte voy tranquilo porque ya he hecho varios entrenes de 1600 durante estos meses de  entrenamiento. Por otro lado, he entrenado hasta 32 km y aún me quedan 10 más, los diez más duros de una maratón, donde se decide todo.

Solo me queda una semana más de carga. El sábado masaje y a partir del domingo empezaré a descansar,.. los rodajes serán mucho más suaves y las series más cortas. Ya está todo decidido. Lo duro ya pasó. Hasta la fecha, seguiré soñando.





domingo, 17 de enero de 2016

objetivos cumplidos

17 de enero, 7:00 de la mañana. Salgo de mi casa rumbo a Barxeta. Nada más salir del garaje observo en el salpicadero del coche -3 ºC. Parece que vamos a pasar frío. Tras una hora de camino llego a mi destino, aquí ya a -4 ºC. Busco refugio en un bar y una excusa para ir al baño; el cortado de costumbre. Retiro mi dorsal y nos obsequian con una camiseta y una toalla, la cual me vendrá muy bien para taparme las piernas cuando esté dentro del coche (con la calefacción puesta) esperando a que se haga la hora. ¡Que frío tengo, joder! A quien le mandaría olvidarse el chandal en casa? Me siento como un extraño, todos me miran, y quizá sea porque voy paseándome en pantalón corto. Es posible, pero he de hacerme el duro, soy un machote, y los machotes no pasan frío.

Se acerca el momento, y 15 minutos antes salgo del coche “a tomar el fresco”, esta vez sin forro polar y con la mochila preparada. He de calentar mis músculos, aunque va a estar difícil. Una fuerte batucada se oye a lo lejos. Un grupo de percusionistas nos da “vidilla” a la cantidad de locos que nos concentramos en esa plaza. Pero ¡que frío tengo, joder! 

Me coloco en las primeras posiciones. Salgo bastante rápido, como me dijo mi entrenador el día anterior. Tengo que apretar los primeros kilómetros antes de que venga “lo técnico”. No entro en calor. Llevo 2 camisetas, una larga y otra corta encima, mas la mochila que también me cubre la espalda. Aguanto hasta el 8 sin parar, pero es ahí donde una fuerte pendiente me obliga a andar. Me recupero un poco y zás, 1 kilómetro más tarde vuelvo a frenarme ante otra gran pendiente. Me encuentro bien. Los cuádriceps se me cargan, pero lo normal. Empiezo a tomarme cada media hora unas pastillas de Isostar que contienen Magnesio, Potasio y algunas vitaminas. Me las recomendó Maskarell y la verdad, no sé si por éstas o por qué pero hoy no he tenido ni una rampa. Alcanzo las crestas y todavía tengo fuerzas. Mantengo un ritmo cómodo durante bastante tiempo. Noto que en los llanos de pista no estoy muy ágil y me pasan bastantes corredores pero esta carrera para mi es un “tira y afloja”. Unas veces voy yo delante de otros, y otras veces son éstos mismos los que van delante de mi. Me suelto en las bajadas pero sin apretar. Hoy tengo 2 objetivos; primero y principal NO LESIONARME, tengo que llegar bien a la maratón de Espadán. Y segundo; intentar bajar algo el tiempo que hice hace dos años para así conseguir ganarme un puesto en la primera hoja de la clasificación.

Ya no me acuerdo del frío, solo temo a las rampas de los últimos kilómetros aunque tengo buenas sensaciones. Al parecer hoy va ser un gran día. Salgo del terreno montañoso y vuelvo al asfalto de camino a meta. Pese a los repechos que me voy encontrando en la recta final me encuentro con fuerzas y aprieto como si de una carrera popular se tratara. Los últimos metros son un placer. Termino por fin una carrera de montaña con muy buenas sensaciones, con ganas de comerme el mundo. No ha sido “un tiempazo” como diría yo pero al menos consigo bajar casi 10 minutos mi marca en este trail. Y todo sin lesionarme. OBJETIVOS CUMPLIDOS.

Ha sido una carrera rápida, explotando en la salida, manteniendo durante gran parte del recorrido y apretando en los últimos kilómetros. Cruzo el arco con un tiempo de 1:52. Mi primera carrera del año, la segunda con mi entrenador y muy contento con el resultado.

Recojo la bolsa del corredor, tomo un refresco y lo acompaño de higos secos. Me quedo un rato hablando compartiendo experiencias con algunos amigos pero pronto me voy hacia el coche. ¡Que frío tengo de nuevo, joder! 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

un amigo en Sabiñánigo

20 de diciembre. Llevo día y medio en Formigal, destino escogido por mi jefe como en dos ocasiones anteriores para pasar unos días agradables con el resto de los compañeros de trabajo. A falta de nieve para esquiar, me preparo previamente al viaje una alternativa que me lleve a disfrutar de la montaña y a la vez no saltarme uno de los entrenamientos clave de la semana. Para ello cuento con la ayuda de una persona muy popular, vecino de Sabiñánigo. Doy con él a través de Wikiloc. Atiende al nombre de "Cruzavalles". Persigo su Facebook, le envío un mensaje privado y nos ponemos en contacto por teléfono para concretar.


A sus 47 años, más de 30 años de experiencia le avalan como corredor. Esta gran persona acepta encantado el reto de hacerme de guía para que yo cumpla con mi entrene. Objetivo; 1.300 de ascenso positivo. Los kilómetros esta vez no me importan tanto. Me doy con un canto en los dientes si consigo llegar al desnivel positivo deseado saliendo del hotel y conociendo a gente encantadora.
Nos vemos en un bar de Formigal conocido como "Garmo Negro". Este es nuestro punto de partida. Allí conozco a su hijo David, de 21 años de edad que también se viene con nosotros. Subimos hacia Foratata y de camino recogemos a un amigo de Jesús que había salido 20 minutos antes. Pronto alcanzamos los 600 de ascenso. Desgraciadamente, la nieve helada nos impide seguir nuestro camino por donde teníamos previsto. Damos la vuelta y continuamos la ruta por otro lado. Se cruzan literalmente "en nuestro camino" algunas vacas que pastan tranquilamente. Estoy fascinado, tanto por ellas como por los grandes excrementos que dejan a su paso. Voy esquivándolos con cierta torpeza. Vamos hacia Sallent de Gállego. Nos adentramos en el pueblo y Jesús me hace partícipe de sus conocimientos. Algo de historia no me viene mal. Me saco una foto con la estatua del "Gigante de Sallent", al lado del lugar donde ocurrió uno de los atentados de ETA que se llevó la vida de dos guardiaciviles en el año 2000. Bebo agua de una fuente cercana, agua clara y fría de los pirineos. Pronto salimos del pueblo y vamos a buscar el siguiente ascenso. Pasamos por sitios insólitos. Tardaré al menos un año en volver a pisar estas tierras y lo sé. Por eso intento grabar en mi retina todo aquello que admiro. Desde arriba se puede divisar el Embalse de Lanuza en temporada baja. Ponemos rumbo hacia el pico de Pacino y allí es donde aprovechamos para dejarnos fotografiar por Ramón, amigo fiel de Jesús y fanático de la fotografía. Hacemos una larga parada. David, que oposita para Forestal, me habla incluso de una orquídea de la zona de los pirineos en peligro de extinción conocida como "zapatito de dama". Puedo apreciar desde lo más alto otro embalse, esta vez es el de Escarra con su correspondiente presa. Corro por valles mojados y tiernos mientras diviso al fondo montañas cubiertas de nieve en lo más alto. Es una experiencia muy gratificante lo que estoy viviendo en estos momentos. Me siento arropado por estas personas, soy como de la familia. El ritmo es suave y muy agradable, y el clima espectacular para alguien al que no le gusta el frío.
La hora de comer se nos echa encima, así que regresamos a Formigal de nuevo y terminamos bajando por una pista roja, esta vez sin nieve.
Concluimos la ruta en el mismo bar, tomándonos unas cervezas para recuperar y con un "espero verte pronto por aquí".




Solo puedo decir una y otra vez GRACIAS JESÚS.


Aquí dejo el interesante blog de Jesús, conocido también por Samuel o (como he dicho antes) por "Cruzavalles", una gran persona.

samuelsanchez.blogspot.com





domingo, 13 de diciembre de 2015

buenos presagios

8 de la mañana. Espero con inquietud en la puerta de su casa, a mi hermano David, quien va a ser nombrado sin saberlo, Mochilero de Honor durante un día. Hoy toca en Sot de Chera, a 70 km de Valencia. Me trae buenos recuerdos ese lugar, allí fue donde hice mi primera carrera de montaña, ya hace un par de años.

Llegamos justos de tiempo, lo imprescindible para coger el dorsal, cambiarme y dejar un recuerdo de mi paso por Sot en el baño de los hombres de un bar cercano. Me da tiempo a tomar un cortado y lo acompaño de tortitas de arroz con chocolate. Claro que, no hubiera sido posible, si mi mochilero no se hubiera ido a aparcar mientras tanto.

Todo listo, me guardo la barrita, las sales minerales, me lleno la mochila de agua, caliento un poco y a correr! El poco frío que hace se olvida en cuanto dan la señal de salida. En primera linea está mi entrenador, yo en segunda o tercera. Salgo bien, pero lejos de cabeza, reservando por lo que pueda pasar. No llevo GPS, solo un triste cronómetro. Me guío por sensaciones, sensaciones que me transmite el cuerpo y la mente. Empezamos cuesta arriba (para variar), una larga cuesta de hormigón que pronto se convierte en senda. Bravo!, nos adentramos en la montaña. Durante los primeros kilómetros empiezo a notar cómo se carga el cuádriceps izquierdo. Poco a poco se va compensando con la ayuda de su compañero derecho. Bien, buena señal. Todo me hace pensar que puede ser un gran día. MIER-……! Me acabo de dar cuenta de que he perdido las sales. Tiraré de barrita, no importa. Me noto cómodo bajando, muy cómodo. Defiendo mi posición con uñas y dientes. Intento evitar que me adelanten cuesta abajo y lo consigo. Misteriosamente en esta carrera me adelantan cuesta arriba. 

Km14.- 1:25, Km18,- 1:48. Son algunos de los datos que memorizo. Me hago falsas ilusiones. 2h 20m. ya no va a ser posible. A partir del 19 empiezo a sentir un poco de angustia. Me olvido de tiempos, y pienso en los pocos kilómetros que me quedan para terminar. Se va notando el cansancio, sale la falta de gimnasia, sale todo lo que no he entrenado. Llego al km 20, un falso llano de pista y no puedo correr. Echo la vista atrás mientras subo. Bien, no viene nadie. Pienso; estoy cansado pero no soy el único. Me siento derrotado pero a la vez visualizo en mi mente esa última bajada. Me pongo las pilas y saco fuerzas pero aún así me pasa la primera chica. Tiro detrás de ella sin despegarme demasiado, aguantándole en la bajada. Llevamos un buen ritmo cuando de repente un fotógrafo grita -¡es por aquí arriba!!- Desgraciadamente se había colado de senda y yo con ella. Subo desmotivado hasta alcanzar el camino mientras ella lo hace apretando los dientes. Se aleja demasiado. Su primer puesto estaba en juego, la segunda chica venía pisando fuerte y la equivocación podría haberle jugado una mala pasada. Ya solo pienso en terminarla, en llegar al coche, en descansar. Bajo por unas escaleras y ahí estaba mi hermano, animándome en el último sprint. 2h 29’, 11 minutos menos que hace dos años. Esperaba recortar mucho más. No estaba demasiado contento con mi tiempo. La posición 23 que había defendido durante gran parte del recorrido se esfumó por los montes de Sot. Me olvido de todo esto cuando de camino al coche veo en el interior de una ambulancia a un chico con la nariz rota. Otros no han tenido tanta suerte.

Me voy con la satisfacción de haber corrido cómodo los 18 primeros kilómetros, de disfrutar bajando, con la sensación de haber hecho una buena compra (apostando una vez más por las Saucony Xodus) y de estar entrenando por fin como toca con el método de un gran atleta y persona. Esta vez Maskarell (el Mister) entró en segundo lugar de la general, a años luz de mi, por supuesto como era de esperar.

Sobre el asiento del copiloto, y gracias a la voluntad de mi hermano de hacerme más cómodo el camino de vuelta a casa, sigo soñando. Aún queda mucho por hacer.

domingo, 29 de noviembre de 2015

andando y aprendiendo

Ayer me levanté con el pie izquierdo. Mi Garmin 310XT no conectaba con los satélites y no conseguía arrancar. Tenía el presentimiento de que algo iba a ir mal en el Trail de Navarrés. 

Me levanté sin tener claro qué iba a ponerme para competir esa mañana, hacía mucho frío sobre las 9 y había dormido poco esa noche. Decidí correr en manga larga, decisión no muy acertada. Salí a sensaciones, olvidándome del GPS que tanto me estaba dando por ____. Creía estar mejor físicamente pero tras los dos primeros kms, ya abandonando el asfalto me dí cuenta de lo mal que estaban mis cuádriceps. MAL, MUY MAL! cada vez lo veía todo más negro, debía haberme quedado a almorzar en el bar donde tomé café antes de salir, pensé. Quizás salimos muy rápidos, dejándonos llevar por el impulso de los corredores del Sprinttrail que salían a la vez que nosotros. Quizás simplemente me falte más fondo, más gimnasia. Quizás se me juntó todo, quizás...

Al poco doy el primer trago, ya tenia ganas de probar la mochila-chaleco que me había dejado un amigo para ver si me animaba a comprarme otra igual. Me salió el tiro por la culata. Estaba muy ilusionado en esta S-Lab de Salomon pero me decepcionaron bastante las bolsitas de hidratación delanteras. A medida que se iban vaciando y con el balanceo del cuerpo, se arrugaban y se metían dentro de su propio bolsillo sin darte cuenta, como si de un caracol acobardado refugiándose en su caparazón se tratara. MAL, MUY MAL! o mejor dicho FATAL! caí en el gran ERROR de probar las cosas en carrera, aunque nunca imaginé de que pudiera irme tan mal. Me sentía incómodo bebiendo, tanto que me atraganté con la primera pastilla de sales minerales. Pasé un rato malo.

Ya nada podía ir a peor. Bueno si, un golpe de calor me hubiera dado un buen escarmiento, pero no fué tan grave. Al final sí pasé algo de calor, y simplemente sudé un poco más de la cuenta.

Fuí media carrera acompañado de un amigo a un ritmo decente, pero el poco fondo que tengo me obligó a disminuir la marcha conforme iban pasando los kilómetros, mientras él se alejaba. Las últimas cuestas se me hicieron duras, pero era algo de esperar. Lo raro hubiera sido acabar fresco, o simplemente bien.

Ahora estoy decepcionado pero ilusionado. Ilusionado porque por fin "me lleva" un crack, un fenómeno del asfalto y de la montaña llamado Mascarell, al cual dejo mi tiempo y dedicación en sus manos. He de reconocer que cuando vi el pan de entrenamiento me chocaron los rodajes suaves que me había puesto de 4:40 o 4:45, pero ese es su método, y es el que he elegido yo. Confío en el.




Queda mucho por hacer pero mucho tiempo para disfrutarlo. 
De momento, seguiré soñando…