DESanimado, DESmotivado, DES lusionado, DES sperado,… son muchas las palabras que me vienen a la cabeza
en esta etapa deportiva de mi humilde trayectoria y todas empiezan por las
mismas letras.
Quise terminar
una maratón de montaña decentemente y para ello me entrené a conciencia. Mi
cuerpo no estaba acostumbrado a esos largos de 30 o 32 kilómetros y llegué muy
justo a la fecha. Ahora arrastro
secuelas.
Seguramente todo
podría arreglarse con un largo DESCANSO, temida palabra que cualquier deportista
desea no escuchar nunca.
Mi fascitis
plantar sigue ahí. Con el tiempo las molestias han pasado al talón. Además, una
sobrecarga en el Aquiles me impide tirar la punta de los pies hacia adelante. No
sé a dónde acudir. ¡Cochino dinero! Necesito un milagro que me quite la tontería
y me deje seguir entrenando duro. Mientras tanto, troto como un pato DESorientado por el cauce del Río Turia a las 2 del mediodía, siempre que la
faena me lo permite. Un entrene rápido, una ducha en el trabajo y macarrones
integrales, esa es mi rutina un par de veces a la semana. Sin calentar, sin
estiramientos al terminar. Entreno para mantenerme mínimamente, para sentirme
vivo, eso si, sin obligaciones. Ahora mismo la batería me falla y si sigue
fallando el motor al final ni arranca.
Ya no escribo
porque no entreno como toca, no entreno como toca porque tengo dolores, tengo
dolores porque no descanso y no descanso porque soy muy tozudo.
Confío en poder volver
a correr “a gusto” algún día, simplemente disfrutando.
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