miércoles, 26 de octubre de 2016

me hice a la idea de que en el km 39 se acababa la carrera y casi la carrera acaba conmigo

22 de octubre. 53,5 km con más de 2.200 metros de ascenso me esperan en Quesa, el pueblo de mi infancia.
7 de la mañana. Salgo de casa bien desayunado con mi chaleco de hidratación a cuestas pero no sin antes revisar el material. Una manta térmica, un frontal, una gorra, un chubasquero y el móvil son obligados compañeros de viaje. Cargo mis bolsillos de sales, geles y pastillas de magnesio. Esta vez no quiero llevarme sorpresas. Llego al punto de encuentro. Antes de bajar del coche enciendo el Garmin y la pantalla no me responde. Mal empezamos. Por suerte, lo apago y lo enciendo un par de veces y parece funcionar. Acudo al "corralito". Todavía es de noche. Me mezclo entre la gente y veo caras conocidas del club y del lugar. Tedi, director de la carrera me presenta a dos grandes campeones del Ultra-trail, Remi Queral y Xari Adrian, claros ganadores de la prueba. Me encuentro cómodo y tranquilo porque sé que corro en casa, que no voy “a hacer tiempo” y que (a una mala) si no puedo terminarla algún conocido me acercará al pueblo en coche. Por otro lado, tengo la incertidumbre de no haberme sometido a ninguna carrera de esta distancia y desnivel y la preocupación de haber llegado hasta aquí con molestias en el tobillo derecho. No voy bien preparado pero siento que debo participar, siento que debo acabarla sea como sea y al poder ser dejar al CDQ en lo más alto.

Se acercan las 8. Los jueces supervisan las mochilas. Los poquitos que nos aventuramos en esta prueba nos vamos situando en la linea de salida. A la vez va amaneciendo. Ahora si, ya no hay vuelta atrás, es hora de darlo todo. Salgo desde atrás, bien despacio, por detrás de corredores que sé que van menos que yo, pero no me importa. Voy mentalizado y precavido. La sirena que nos abre paso por el pueblo se deja de oír cuando nos adentramos en la montaña. El día está nublado, la tierra mojada y las piedras resbaladizas. Corro los primeros kilómetros con prudencia para tantear el terreno. En la primera parte nos encontramos con la subida más dura del recorrido. Posiblemente alcanzamos las mejores vistas de la carrera desde lo más alto del "monte pelao", cresteamos por los Albaidares y sin darme cuenta estoy de nuevo en el pueblo. Bebo algo en cada avituallamiento, por lo que pueda pasar, aún sabiendo que llevo los bidones todavía bien cargados. Durante los primeros 20 km nos encontramos con mucho barro. Las botas nos pesan 2 veces más de lo normal, pero tenemos la suerte de tocar pista o asfalto de vez en cuando y poder limpiarlas un poco.

El día nos ha salido estupendo y las sendas, bañadas por la lluvia de la noche anterior, están espectaculares. El suelo es blando en la mayoría de las ellas. Corro muy a gusto. Paso por sitios ya conocidos por mi y por otros inimaginables. Los kilómetros pasan y las horas también y cuando estás agusto el tiempo parece ir más deprisa. Sobre el 32 ya se empiezan a notar los primeros síntomas del cansancio. Pequeños calambres son avisos de que lo peor está por llegar. No dejo de hidratarme, de comer plátanos en todos los avituallamientos por donde paso, de tomar sales, pero es ahí, justo en el 32 cuando me doy cuenta de que no puedo subir una pequeña pared situada a los pies del Abrigo del Voro. Un chico de protección Civil muy amablemente me tiende la mano. Poco a poco me voy colocando en mejor posición. Alguien me comenta que estoy entre los 10 primeros. Voy (como se suele decir) “recogiendo cadáveres”, de menos a más.

Me encuentro con muchas ganas de acabarla y cada vez más cerca de saborear el placer de la victoria. Corro emocionado, pensando en el final. El perfil de la prueba no es muy “montañero”, lo cual me beneficia. Grandes pistas forestales me dejan correr incluso cuesta arriba, con más de 35 kilómetros a las espaldas. Llegando al 39, una senda bastante pronunciada me desmotiva. Deseando no toparme con ascensos bruscos, va y me doy con uno de ellos. Voy ya muy tocado pero solo me quedan unos kilómetros. Ahora manda la cabeza más que mi cuerpo. En principio lo que queda no debe asustarme (según el perfil), pero sobre el 44 me encuentro con otra pared. Cuando intento subirla... zasca! Una gran rampa en el gemelo me hace estirar la pierna un buen rato apretando los dientes. Me quedo bloqueado pero consigo subir esa pared de espaldas, bajo la mirada de dos chicos de Protección civil que no hacen nada esta vez por ayudarme. A través de sus emisoras oigo la voz de un compañero de ellos informando de la situación. Comenta que el primero ya ha pasado cerca de meta. Poco queda por hacer. En algunos momentos se me pasa por la cabeza que quizás he de abandonar si me encuentro con más zancadillas por el camino. Por suerte, lo que queda es para “dejarse caer”.

Todo lo que he tomado durante la prueba para las rampas ha sido en vano. Cada vez oigo más cerca el sonido del ambiente. La música y el speaker suenan a gloria. Por fin veo la luz. Quiero que este sufrimiento acabe pronto. No estoy muy cansado pero si llevo las piernas agotadas de tanto padecer. Llego al asfalto que me conduce por una larga cuesta al arco de meta, pasando antes por unas escaleras. No se me ocurre otra cosa mejor que sacar el móvil de mi mochila, llamar a mi padre y que oiga el sonido de los aplausos con los que soy recibido. Le cuento entre alguna lágrima mi hazaña. Me emociono porque sé que a él le hubiera encantado estar allí. Cruzo el arco devolviendo los aplausos a la gente que tanto me ha animado. Es muy emocionante. Tal cual entro me abrazo a Tedi por hacer posible, junto a mucha más gente, esta carrera de estas características en el pueblo de Quesa. “Los Arqueros” ha tenido mucho éxito entre los corredores, de eso estoy seguro. Va a dar mucho que hablar.

Algo he hecho mal, igual no me he hidratado bien... Igual todo el secreto está en la gimnasia que no practico. Igual es una mezcla de todo, pero lo que si está claro es mi próximo objetivo; conseguir que desaparezcan las rampas de una vez por todas.



Cierro mi temporada con un 3º veterano en el “Circuito de la Costera, la Canal y el Valle de Ayora”, y con un 2º veterano en esta carrera de larga distancia. Más que satisfecho.