jueves, 22 de septiembre de 2016

el tiempo se me echa encima

La fascitis me ha dado tregua este verano, quizá han colaborado en la causa unas buenas sandalias. Tengo que mirar adelante, sin pensar en las molestias. 

Metodología, constancia, sacrificio, conocimiento del ”yo” y una buena alimentación son las cartas de la baraja que juegan a mi favor a un mes vista de mi próximo objetivo; 22 de octubre, carrera de larga distancia en Quesa, con 53 kilómetros y 2.300 de ascenso acumulado.

Por primera vez me enfrento a un reto de este tipo. Me asusta el desnivel, no tanto los kilómetros. Me asusta llegar a la fecha en baja forma. Ahora corro a pulsaciones conociendo mis umbrales, me alimento bien, como debe cualquier deportista que se precie un poco, pero el tiempo se me echa encima.

No hay descanso, lucho a contrarreloj. Entreno todos los días, sin tregua. Los lunes y los viernes son fiesta para mi, entrenando 6/8 km a bajas pulsaciones. Los martes, unas 15 o 20 rampas de 100 o 150 m. me ponen a prueba. Los miércoles ruedo a 130 pulsaciones como mucho, unos 20 kms. Los jueves, mas caña,.. series de 2000. El sábado suelo hacer alguna carrera corta y el domingo desconecto en la montaña con otro rodaje suave a pulsaciones.


Ahora toca decidirme, si hacerla o no. Siento que tengo que hacerla pero mi cabeza sabe que mis piernas no están preparadas. Me falta mucha gimnasia, muchos entrenes de montaña pero voy confiado porque un día decidí disfrutar de esta carrera, simplemente a intentar acabarla con buenas o no tan malas sensaciones. 

Quienes me conocen saben que soy capaz. Tengo que confiar en ellos.

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